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el sur del sur / OPINIÓN

Dimisión o calvario, Guanyar y el PP

11/03/2018 - 

Bueno, ya estamos en la línea roja: con la apertura de juicio a punto de ser definitiva, el alcalde de Alicante, Gabriel Echávarri, debería presentar su dimisión ya y el PSPV, buscar una salida porque lo de contrario, la no dimisión puede acabar en un calvario eterno, máxime si otro juzgado confirma el procesamiento por la otra causa en la que el alcalde está investigado.

Los tiempos seguirán estando de parte del primer edil, pues seguramente la vista del juicio se confirme cuando el mandato haya acabado, pero el desgaste desde ahora -si se consuma el segundo procesamiento- será continúo. No es menester recordar que la segunda causa -el despido de la cuñada del portavoz del PP- es fruto del calentón que generó la primera imputación. En condiciones normales, repetido hasta la saciedad, la primera causa y el procesamiento podría ser entendido como fruto de una mala aplicación de un proceso administrativo, con el atenuante, como alegan los socialistas, de que ha sido denunciado por un partido político, pero como en Alicante llueve sobre mojado y, concretamente, el señor Echávarri fue tenaz y soberbio con los casos administrativos del PP, como los que rodeaban en su momento al vicealcalde Andrés Lloréns, y  ahora le están dando -en las redes sociales- de su propia medicina.

A todo ello nos faltaba el esperpento del caso del micrófono hallado en las oficinas de Urbanismo, soporífero caso de pseudoengaño -se mire como se mire- que quizás acabe generando el efecto contrario de lo que se persiguió, pues no sólo Guanyar y PP, sino también Compromís, el socio preferente ahora en excedencia, ha visto sangre y le ha dado por dar patadas al Echávarri moribundo. Un ávido equipo de comunicación nunca debió permitir que las vergüenzas del aparatito, propio de Pepe Gotera y Otilio, acaba generando daños colaterales a la que podría ser la primera dama.

El dispositivo de grabación sí que ha conseguido una cosa: echar tachones sobre el relato que mantenían Echávarri y el minigobierno y acabar con la tan ansiada normalidad que buscaba el Ayuntamiento de Alicante con el tripartito ya sepultado, Guanyar desamarda y con Pavón desautorizado por los suyos. Desde el lunes ya no había normalidad, ahora la normalidad sería que el munícipe dimitiera y se diera paso a Eva Montesinos como alcaldesa, impoluta hasta el lunes, rasguñada desde entonces. Y el auto de la Audiencia Provincial, confirmando el procesamiento, lo ha dinamitado todo (si es que no lo estaba ya) a nivel institucional.

¿Va a dimitir Echávarri?

A tenor de sus propias palabras, las de Ximo Puig y el sentir del PSPV, es que no. Echávarri va aguantar inmisericorde a la avalanchada de toda la oposición, que volverá a convertir el pleno en un campo de batalla y las consecuencias judiciales del caso micro, si es  que lo hay, en otro de guirigay contra el alcalde y los socialistas en general.

El principal argumento de los socialistas, de todos, los de València y los de Alicante, es que no hay 15 votos y, por lo tanto, hacer dimitir a don Gabriel sería entregarle la Alcaldía al PP, cosa que no van permitir. Pasearán el pendón de Echávarri por el Carnaval de 2019 antes que darle ese gustazo al PP de Barcala, Císcar y Bonig. Eso lo piensan todos en el PSPV, o los que mandan.

¿Qué pasa si dimitiera?

Hay que lograr los 15 votos, que pasan por convencer a la tránsfuga Nerea Belmonte o que Ciudadanos se sume a la fiesta. Pero a los naranjas les va muy bien en las encuestas y tampoco se van a mojar, aunque la responsabilidad de que el PP volviera también sería suya por omisión. Su lema es que quién ha creado el problema, que es la izquierda, que lo solvente.

Compromís es quién más aprieta por el cambio: necesita volver al Gobierno municipal. Mónica Oltra les ha dicho que hay gobernar de nuevo. Pero, claro, si hay elección de nuevo alcalde o alcaldesa, ¿se negocia el gobierno tripartito de nuevo? Está claro que el PSOE de Alicante no a volver a pasar por esas, y que a Compromís le genera náuseas negociar de nuevo con Gunayar con una camisa de fuerza, como sucedió en junio de 2015. Bajo este punto de vista, la dimisión de Echávarri está lejos: en todo caso, Guanyar debería votar al candidato o candidata socialista y no entrar en el Gobierno. Sin embargo, Belmonte (ex de Podemos) va a pedir algo: no hará nada gratuitamente.

Y por último el PP: le interesa coger la Alcaldía, pero no ahora. Les daría aire ante el avance de Ciudadanos, pero también les generaría desgaste tener que cambiar dinámicas. Preferiría después del verano. Pero la izquierda no lo va a permitir y Ciudadanos se lo debe pensar mucho: lidera las encuestas y si no se mueve, puede gobernar en 2019 con el PP de socio. Y dentro del PP, hay sector que no esconde que situar a Barcala como alcalde es hacerle candidato ya y eso rompe todos los esquemas que trabajan el opción de José Miguel Saval, elegido, no lo olvidemos, para ser un perfil amable con Ciudadanos, y no de fricción.

En definitiva, esto va ir cociéndose poco a poco, casi diría que día a día, ya que todo es posible. Desde la dimisión de Echávarri o a la elección de Fernando Marcos como alcalde, mucho más que el PP vuelve a tomar la Alcaldía, aunque no descartable. Ahora bien, lo que sí es fetén es que la normalidad política en la ciudad de Alicante se ha perdido, y posiblemente, lo peor de todo, al parecer, no lo hemos visto todavía. Qué tristeza: el gobierno del cambio superado por si mismo.

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