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vals para hormigas / OPINIÓN

Lo normal

19/04/2017 - 

Las vacaciones son esos días de asueto en los que encuentras cerrados todos los ganchos turísticos de los municipios que no lo son. Esos días en los que tienes que explicar a un reguero de extranjeros que tratan de acceder a iglesias, museos y todo tipo de centros una regla bien sencilla que consiste en que para visitar las marcas que vienen señaladas en los blogs del sector tienes que venir justo cuando no puedes. Que es lo normal. Por eso, a la vuelta, uno piensa que va a encontrarse el mundo tal como lo dejó. Y casi. Las continuas elecciones, referendos y primarias que se están celebrando en el planeta muestran que todos los países están divididos, al menos, por la mitad, como repartidos entre el pasado del que nunca nos acordamos que venimos y el futuro que no sabemos dónde nos va a dejar. Las dos Españas son cuatro, como cuatro son las Francias que se avecinan. Hay dos Américas, dos Turquías, dos Reinos Unidos y dos Coreas plegadas por un meridiano que están a punto de alicatarse con un sangriento trencadís si nadie lo remedia.

En el entorno que tenemos al alcance de la mano, tampoco han variado demasiado las cosas. A finales de los noventa, el actor Jim Carrey encargó a su representante que le buscara papeles con jondura que demostraran que era buen actor y no una máquina de muecas. No lo consiguió, pero al menos participó en una de las últimas obras maestras, a pesar del propio Carrey, que ha parido Hollywood, El show de Truman. El alcalde de Alicante, Gabriel Echávarri, tiene la misma querencia últimamente. Se mueve mucho para tratar de demostrar que es un buen alcalde, pero tampoco le sale, más allá de protagonizar algún show que, para mi gusto, anda necesitado de buenos guionistas. Mientras tanto, en el ámbito autonómico, ni idea. Aquí abajo empieza a rugir el motor de la Generalitat solamente cuando no se le necesita. Así que procuramos no darnos por aludidos, ni para bien ni para mal, como me decía mi madre cuando empezaba cada curso en el colegio.

Sin embargo, unos pasos más allá de Villena sí que nos hemos encontrado con un martes distinto, de esos en los que hay que repasar el calendario para ver si hemos volado al 28 de diciembre y las noticias para ver si las firma El Mundo Today. Han citado a Mariano Rajoy como testigo en el caso Gürtel. De la cuestión meramente judicial se tendrán que ocupar los que saben, algo que en determinados sectores del periodismo se está olvidando. Pero desde aquí abajo, a pie de calle, a uno se le ocurre que la comparecencia de un presidente del Gobierno en un juzgado no es más que el reflejo manierista y extremo de lo que debería ser la política bien entendida. Dar explicaciones. Responder preguntas. Afrontar un cuerpo a cuerpo con seguridad y aplomo. En continuas sesiones de control y sin la mediación de plasmas. Lo normal. Pero luego recuerdas que Rajoy testifica en un caso de corrupción, en el que ha quedado acreditado que su partido se nutría de una caja b, en el que varios de sus corifeos han tenido que ponerse a cantar y en el que la metástasis de la delincuencia se ha extendido por los graneros de votos sin que nadie lo frenara. Y entonces te das cuenta de que no. De que nada es normal.

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