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Ramírez abandona la presidencia del Hércules sin resolver los dos grandes problemas que amenazan su supervivencia

14/02/2018 - 

ALICANTE. Este martes, solo nueve meses después de acceder a la presidencia del Hércules, Juan Carlos Ramírez anunciaba que abandona el cargo.

Esa posibilidad, la de dejar la presidencia, le provocaba un enorme cabreo hace apenas tres semanas, cuando se le preguntaba por ello después de que trascendiese que Quique Hernández, como así ha sido finalmente, le podía sustituir en el cargo: el empresario vasco aceptaba que era necesario que alguien ejerciese en su lugar el papel de representante del club en diferentes actos y partidos (en Llagostera, Lleida y Sabadell el Hércules estuvo representado en el palco por Carlos Parodi y no por el presidente o alguno de los otros tres consejeros), pero negaba rotundamente que tuviera voluntad alguna de abandonar la presidencia. Sin embargo, de lo dicho al hecho ha terminado habiendo un buen trecho.

Ramírez, que no ha llegado ni siquiera a figurar en el Registro Mercantil como presidente del Hércules, deja el cargo a toda velocidad, dando orden para que cuanto antes se le transfirieran a Hernández las acciones necesarias para reunir la condición de accionista a ojos de los estatutos del club blanquiazul y se convoque un consejo de administración de urgencia en el que hacer efectiva su salida y la entrada de su sustituto. Sus prisas llaman la atención sobremanera, si bien es cierto que los dos grandes problemas que amenazan la supervivencia del Hércules, los 4,5 millones de euros que se adeudan a la Agencia Tributaria y los 6,5 que reclama la Comisión Europea, siguen ahí y, aunque pueda parecer lo contrario, con fecha de caducidad, algo que tiene que influir en su ánimo tanto o más que el no poder representar al Hércules en un palco o en el homenaje a una vieja gloria del herculanismo. 

El empresario llegó al cargo casi garantizando una solución para el primero de ellos, pero pronto se encontró con que ese muro con el que se había topado su antecesor en el cargo, un Carlos Parodi que hoy seguro que duerme mucho más tranquilo, era infinitamente más alto y grueso de lo que pensaba y que no iba a ser tan sencillo arrancar de la directora general de Recaudación, Soledad García, un convenio ventajoso: descartado que el fisco firmara sobre la línea de puntos el acuerdo que le proponía, Ramírez empezó a lanzar propuestas en las que iba cediendo cada vez más, si bien quedó demostrado que en su ánimo no estaba realmente el satisfacer las exigencias de Hacienda ya que cuando le dijeron que "adelante, eso que propones sí lo aceptamos", el plazo para firmar expiró sin que diera señales de vida, algo que ha podido tener un efecto letal en lo deportivo, por los problemas para la confección de la plantilla que produjo. Tampoco es que haya tenido mucho interés en cumplir con la ya famosa decisión de recuperación, los 6,9 millones que la Comisión Europea reclama desde julio de 2016, cuyo efecto está suspendido a la espera de que la justicia comunitaria se pronuncie. Con un "eso no lo vamos a pagar" zanjaba Ramírez la pregunta sobre la citada obligación de pago hace unos 14 meses y aunque luego sí es cierto que trató de arrancar de precisamente Hacienda una solución global para ambos problemas (que esta sumara las dos cantidades en una y aceptara un calendario de pagos), él era el primero que debía saber que la ley no solo no lo permitía, es que el Hércules ya sabía por boca de la propia Soledad García que eso era así.

Sí, no todo ha sido negativo en estos nueve meses: Ramírez ha contribuido económicamente al sostenimiento del club;   se hizo (no sin dificultad y gracias a la mediación de Javier Portillo y Quique Hernández con Manuel Illueca) con el derecho de crédito de la Fundación, recuperando el Instituto Valenciano de Finanzas una parte del dinero público que vio desaparecer en 2012; y con él como máximo mandatario, el Hércules ha logrado cerrar su reconvenio con los acreedores ordinarios, aunque es cierto que el mérito de esto corresponde más a su antecesor y que, en la práctica, sin arreglar el problema que representa la deuda con Hacienda y la Comisión Europea es algo que sirve de poco. 

Pero, como insistíamos ya por julio, los problemas no desaparecen por el mero hecho de ignorarlos. Los más importantes siguen pendientes y el repentino interés de Ramírez en querer abandonar la primera línea no desprende precisamente el olor dulzón de los puros que a él y a Enrique Ortiz les gusta fumar. 

No sabemos si será esta semana, la que viene o la siguiente, pero que nadie dude que el Tribunal General de la Unión Europea va a resolver en breve (si no lo está haciendo en este mismo momento) la solicitud de suspensión cautelar de pagar los citados 6,9 millones de euros y no parece que su fallo vaya a ser favorable al Hércules (y al resto de clubes implicados); también que Hacienda se va a terminar hartando de enviar telemáticamente embargos y finalmente llamará a la puerta del Juez de lo Mercantil, especialmente si Luxemburgo desestima la suspensión cautelar y Bruselas trata de ponerse por delante para cobrar... La marcha de Ramírez hace que todo tenga peor pinta si cabe.

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