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el sur del sur / OPINIÓN

Zulima y el clan de Gandia

10/06/2018 - 

Era un secreto a voces que Carmen Montón iba a dejar el Gobierno valenciano para asumir la cartera de Sanidad en el nuevo y flamante Ejecutivo de Pedro Sánchez. Algo que se rumiaba y el martes fue interpelado por ello. Su contestación fue elocuente: "Esto no lo puedo contestar hoy". No sabemos si fue la primera opción o la segunda, pero la oferta estaba sobre la mesa y Ximo Puig era conocedor de ello.

Desde entonces, en el Palau de la Generalitat comenzaron las quinielas. Aunque la decisión debía ser transmitida en tiempo y forma a Compromís -se ha quitado mucho hierro posteriormente a la reacción de Mónica Oltra-, en Presidència había un arduo debate: sustituir un cargo por otro; en este caso, una mujer (Carmen Montón) por otra y mantener el status quo, o mover piezas de una conselleria a otra. Y en esas estaba el nombre de la joven política alcoyana Zulima Pérez Seguí, que comenzó como secretaria autonómica de Transparencia, en el departamento de Manuel Alcaraz, y recientemente, y el pasado mes de abril, fue nombrada subsecretaria de la Conselleria de Hacienda, a las órdenes directas del titular de la cartera, Vicent Soler.

Zulima Pérez era la apuesta de la facción joven del gabinete de Presidència que intentaba dar, con el cargo de consellera, más visibilidad a una política joven, con sello PSPV, para que posteriormente fuera la candidata socialista a las Cortes Valencianas por Alicante. Pero una vez más, el sector junior topó con el clan de Gandía, cuya influencia sigue pesando. Los primos José Manuel Orengo y Alfred Boix, el primero asesor directo del presidente, y uno de los señalados por el caso Crespo Gomar, y el segundo, ex secretario de Organización y diputado en las Cortes Valencianas. Visto el resultado, con el nombramiento de Ana Barceló ya se sabe quién ganó la partida. Falta por saber si se cumple ahora la segunda parte de la partida y si Barceló o Zulima es la cabeza de lista del PSPV por Alicante, o se recupera por enésima vez a Julián López,

Ese mismo debate se produjo con la crisis de la Alcaldía de Alicante. El sector milennial -por decirlo de alguna manera, pues alguno de ellos, aunque no llega a los 40 ya tiene canas- también presionó a Puig para acelerar el relevo de Gabriel Echavarri de la Alcaldía y, de esta manera, empezar una nueva etapa alejada de la continúa tensión a la que sometíanal presidente los avatares del ex alcalde. Pero, otra vez más, se impuso la tesis de Orengo: Echávarri debía resistir, delegar las competencias de alcalde a Eva Montesinos y no aparecer por el consistorio. Pero conforme los autos judiciales avanzaron, Ciudadanos llegó a garantizar su voto para elegir un nuevo alcalde, pero, como hemos contando en más de una ocasión, la irrupción del caso de la supuesta financiación irregular del PSPV, en plena Semana Santa, ahuyentó los votos naranjas, que estaban amarrados en marzo, y dejaron la resolución del conflicto en manos de la tránsfuga Nerea Belmonte, cuyo desenlace ya conocemos.

Estas maniobras demuestran que el clan de Gandía está más vivo que nunca, pese a los resultados que dieron sus consejos a a la hora afrontar las primarias federales, donde la candidata de Ximo Puig, Susana Díaz, cayó con estrépito en la Comunitat Valenciana, o la Alcaldía de Alicante, que se perdió por no acelerar el proceso para evitar que el caso Crespo Gomar se lo llevara por delante.

Y lo cual nos da pistas de hacia dónde van los tiros de las futuras decisiones que el PSPV debe adoptar en los próximos meses para poner candidatos locales. Damos por bueno que Ana Barceló encabezará la lista autonómica por Alicante y que el o la alcaldable saldrá de lo que pacten los primos de Gandía y su interlocutor en Alicante, el ex senador Ángel Franco. Sólo la mediación de Ferraz, en contacto directo con La Moncloa, puede remediar lo que se barrunta: la propia Montón, Alejando Soler, como embajador sanchista y posible delegado del Gobierno o el titular del Ministerio de Fomento, José Luis Ábalos, pueden facilitar un plan b, que puede incluso llevarse por delante a Sandra Gómez, por secretaria general que sea de València. El sanchismo, mientras lo de Madrid funcione, no pactará nada: irá con sus encuestas y candidatos bajo el brazo. Es lo único que puede aminorar la influencia de los primos de Gandia.

La peor semana del PP

No sé si contaminados por el ambiente que se respira en Génova o por el jetlag que ha dejado la moción de censura y la entrada de Pedro Sánchez en La Moncloa, la cuestión es que el PP de Alicante y su poder institucional, tanto en el Ayuntamiento como en la Diputación, han pasado la peor semana desde que gobiernan. Luis Barcala tuvo que rectificar con el modus operandi para aplicar los cambios en el callejero de Alicante, del que él mismo provocó su anulación en los juzgados, y, a cambio, contraatacó aireando discrepancias -más políticas que técnicas- sobre la Oficina de Turismo en la Explanada. Y la suerte que tiene César Sánchez es que los plenos de la Diputación de Alicante sólo los ven apenas 170 personas: el presidente perdió la compostura en el pleno del pasado miércoles. Vale que Compromís va a embarrar el campo, y bien que lo capea y ataca el portavoz del PP, Carlos Castillo, pero el árbitro de la contienda, el presidente que dirige el pleno, no puede y no debe permitir varias cosas: debe estar por encima de todos los grupos, incluido el suyo, y mantener el equilibrio (otros posiblemenente también). Y el miércoles, por las razones que fueren, lo perdió. Sólo hay que ver los últimos minutos del vídeo del pleno. Un mal día lo tiene cualquier, pero debe un disculpa.

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