ALICANTE.- Miguel Anxo Bastos Boubeta (Vigo, 1967) es uno de los economistas y politólogos más influyentes del liberalismo académico en España. Profesor en la Universidad de Santiago de Compostela, se ha consolidado como una referencia destacada de la Escuela Austriaca y del pensamiento anarcocapitalista en el ámbito hispanohablante. Su trayectoria intelectual, marcada por la influencia de autores como Mises, Hayek o Rothbard y por su cercanía doctrinal a Jesús Huerta de Soto, lo ha convertido en un divulgador habitual en foros liberales de España y Latinoamérica, así como en una figura citada por líderes internacionales como Javier Milei.
Formado en Ciencias Económicas y Empresariales por la USC y en Ciencias Políticas por la UNED, Bastos ha desarrollado una carrera académica centrada en la teoría del proceso de mercado, la función empresarial y la crítica al intervencionismo estatal. Su estilo divulgativo, directo y pedagógico, le ha permitido conectar con públicos muy diversos, desde estudiantes universitarios hasta empresarios y responsables públicos interesados en el análisis económico desde una perspectiva liberal.
Esta semana que viene visitará Alicante. En concreto, el Colegio de Economistas, dónde participará dentro del curso Introducción a la Escuela Austriaca de Economía, y compartirá docencia con profesores como Óscar Rodríguez Carreiro, Miguel Ángel Alonso Neira y César Martínez Meseguer que ofrece el Foro Liberal. Esta es la conversación que ha Plaza mantenido con él.
—¿Qué es lo que va a compartir con todas las personas que forman parte del curso?
—Me pidieron que hablara sobre la epistemología y el método de la Escuela Austriaca, es decir, sobre la forma en que esta corriente entiende la economía. Básicamente, cuáles son sus fundamentos teóricos: el subjetivismo, el individualismo metodológico… No quiero entrar en cuestiones políticas ni en conclusiones del tipo “la Escuela Austriaca defiende esto o lo otro”. Lo que quiero explicar es en qué se fundamenta para sostener esos principios.
—¿Puede dar algunos detalles de cuáles son esos fundamentos de la Escuela Austriaca?
—Básicamente son dos. Voy a explicar más el individualismo metodológico. Es decir, todo evento social, todo fenómeno social o económico solo puede ser explicable entendiendo a los individuos que lo componen, los que lo llevan a cabo. Es decir, quienes actúan son los individuos. No hay un Estado actuante ni hay una persona… son personas que actúan por España. La balanza comercial de España y Francia no la llevan “España” y “Francia” como señoras que compran y venden; la llevan los españoles que preparan los procesos, y su todo sumado le da una cifra. Pero no es una señora llamada España que le compra a una señora llamada Francia. Lo que ocurre es que los españoles compran y venden, y muchas veces hay desequilibrios, como en todas partes.
Por ejemplo: yo compro todos los días el pan, y mi balanza con el panadero es negativa, porque él no compra mis clases. Pues yo tengo una balanza negativa con ese señor todos los días. En cambio, mis alumnos compran mis clases en la universidad —directa o indirectamente—, pero yo no les compro tanto. Pero mi balanza, al final, tiene que estar equilibrada, porque soy yo quien compra. Si tengo 100 €, tengo 100 €, y no puedo gastar ni más ni menos. Y al final la suma… unos ganan, otros pierden. Mi balanza es positiva cuando me compran a mí; en otros casos es negativa. Pero al final la masa se equilibra. No puede ser de otra forma. Y a nivel de Estado también se entiende muy bien.
—¿Cómo se pueden aplicar algunas de las políticas que defiende la Escuela Austriaca? ¿Estos principios son principios de análisis o principios teóricos?
—Se aplican básicamente por los economistas académicos. Los principios no son solo austriacos: en la Escuela de Chicago también tienen en parte algunos principios comunes, y algunas otras escuelas también comparten los principios del individualismo metodológico. Y otro factor es el subjetivismo del valor. Es decir, las cosas no valen en sí por el trabajo. Las cosas valen… un bien o un servicio vale en su cabeza, y la vida se valora usted por su cabeza. Usted está dispuesto a dar algo para obtener ese bien, pero no tiene que ver con… No se explican como una suma de costes. ¿Qué sería tu lápiz? ¿El precio de la madera más el precio del grafito, más el precio del transporte, más el margen del comerciante? No. No es eso. Es el valor del lápiz para mí lo que le da valor. Al revés: esto no es común escucharlo, pero básicamente es así. Y el valor siempre está en nuestra cabeza. Una cosa vale si alguien la valora; si no, no vale nada. Por mucho trabajo que tenga, no vale nada.
—¿Qué razón atribuye a que los principios que usted defiende no se apliquen más?
—No lo sé. Yo explico cómo fundamento todo eso y explico que de ahí se deriva, por ejemplo, que el Estado no debe intervenir los precios, porque el Estado no debe incrementar la masa monetaria más allá de un poco, o —mejor dicho— que el Estado ni siquiera debería regular la masa monetaria. Pero sí, son derivadas de estos principios que estoy exponiendo.
—Se lo formulo de otra manera. ¿Los Estados no deberían intervenir tanto en las economías?
—Obviamente. Es el principio que tengo yo. ¿Tengo yo otro principio de la Escuela? No. No debería intervenir. Primero porque no sabe y segundo porque no puede.
—¿Qué países son los que menos intervienen?
—Hay un índice, el Heritage, que lo mide y que se publica cada año. Las economías más libres, por ejemplo, son Hong Kong, Singapur, Suiza o algunos países nórdicos. Curiosamente, los países nórdicos tienen fama de ser muy intervencionistas, y no lo son. Eso sí, tienen unos impuestos muy altos. Pero lo demás les deja mucha libertad: en Suecia no hay salario mínimo, en los salarios hay mucha libertad de mercado, de comprar, vender, etcétera. Le ponen un impuesto sobre la renta, entonces puntúan mucho más alto comenzando su libertad económica. Ese listado normalmente coincide con los países más ricos del mundo.

- Miguel Anxo Bastos en una conferencia del Foro Liberal
—¿Y ve factible eso en los países del sur de Europa?
—Si le digo la verdad, no. Porque nuestra mentalidad es muy, muy intervencionista. Los índices de valores públicos mundiales… hay que hacer un estudio de lo que piensa la gente común sobre la economía. Y España está en una posición mucho más socialista. Fíjese, mucho más que su propio gobierno; es decir, que si dejara a la gente, aún intervendría más en la economía. Entonces es muy difícil establecer esos valores si no hay una difusión de estas ideas. ¿Qué vas a hacer? Los liberales en España llevamos más de 30 años y el SMI no deja de subir; cada vez se interviene más el mercado de alquiler. El alquiler, por ejemplo, es una de las políticas públicas más estudiadas desde hace mucho tiempo, y todas coinciden en que no se debe intervenir. Aun así, los gobiernos intervienen muchas veces. A pesar de lo que decimos, no nos hacen caso. Es muy difícil que se revierta esto porque cada vez la intervención es mayor, no es menor.
—Antes ha dicho que la población española es más intervencionista. ¿A qué lo atribuye? ¿A la cultura, quizá católica, o al legado del franquismo?
—Son valores que conviven bastante bien. La prueba la tiene, por ejemplo, en Irlanda: la Irlanda católica y la protestante… A lo mejor es más libre. O las dos Alemanias: la Alemania del Norte, que es protestante, y la Alemania del Sur, que es católica. ¿Cuál es más capitalista? No sé exactamente a qué se debe. Habría que rastrear cuánto puede ser el legado del franquismo. Una parte del franquismo tenía una economía bastante proteccionista en su época. O sea, control de los alquileres. Franco impuso los salarios mínimos. Franco copió las leyes laborales de Mussolini… una tras otra. Es decir, no era un régimen especialmente liberal. De postal tenemos estas ideas en los valores que se enseñan, no solo en las escuelas: en la vida común. Son bastante intervencionistas. Es necesario un cambio cultural.
—Para que la gente conociera lo que usted defiende o algunos postulados, ¿debería haber un cambio en la educación?
—Yo no soy partidario de educar desde el Estado en valores de este estilo. Tampoco los otros. O por lo menos te voy a dar la libertad de decir: yo no quiero que se enseñe capitalismo en las escuelas. No soy partidario de educar forzosamente en eso; simplemente, que se discuta sobre estos temas en las escuelas, que la gente también escuche. Que mucha gente que defiende esto escuche a gente que defiende lo que sea.
Yo no soy partidario de imponer nada, porque además acostumbra a ser contraproducente. Para nuestra generación, a lo mejor hubo una educación muy religiosa y después se ha salido todo el mundo ateo. Pues aquí pasa lo mismo: basta con que quieran meterlo para que sea lo contrario. No soy partidario de meter estas cosas de forma forzosa en las escuelas.
Ahora, que se discuta, sí. Que se enseñen estas cosas, que hay estas ideas, que hay otras, etcétera. Entonces, ahora algo se ha conseguido. Por primera vez hay respuesta a los intentos de controlar, por ejemplo, los salarios mínimos. Por primera vez hay respuesta. Es decir, ya no es como antes, que cuando se subió el SMI todos estaban muy contentos, toda la prensa de izquierdas aplaudía la medida. Ahora sí: como persona no se gana, pero se contesta. Ya no es aquella unanimidad de antes; ya se empiezan a ver voces contrarias que critican los efectos negativos que pueden tener las regulaciones, que tienen efectos negativos, y eso es negativo. Hay que seguir en esa dirección.
—¿Qué opinión tiene de la Unión Europea y sus políticas?
—Depende de cuáles. En general no soy muy partidario de las políticas de la Unión Europea. Está inmersa en un proceso de regulación: le gusta regularlo todo. Le gusta mucho, por ejemplo, regular el cajón de la botella de plástico… ¿a qué viene eso? Pero igual que eso, quiere regularlo todo: el clima, los plásticos, todo lo que usamos, los motores de los coches… Y lo que consigue es hacerle daño a las empresas y, a su tiempo, está arruinando a sectores sociales. Eso es una economía muy intervencionista en muchos sectores.
—Pero en Europa sí que hay más tradición liberal y hay partidos liberales que da la sensación de que no luchan contra esa regulación…
—Liberales… ahora te digo que en Europa hay pocos, porque formalmente está mal visto. Pero el liberalismo europeo… por ejemplo, los liberales británicos son liberales de corte inglés, es decir, liberales intervencionistas. Puede parecer extraño, porque sería un debate muy largo, porque el concepto de libertad es distinto.
Pero bueno, pocos partidos liberales hay en Europa. A lo mejor la FDP alemana —y mira que tampoco es que me sea muy simpática— puede ser de los que sean más liberales de lo que hay por aquí. Porque el mismo Vox, por ejemplo, en su momento tenía un discurso liberal; ahora ya no lo tiene. Alguna derecha italiana tampoco lo tiene. El partido de Salvini, en origen liberal, ahora ya no lo es. Veo cierto retroceso en esto y un giro, digamos, hacia posiciones más populistas.
—Le pregunto ahora por política internacional fuera de Europa. ¿Cómo ve el escenario internacional, y sobre todo el conflicto de Irán y lo que pueda repercutir o lo que está repercutiendo ya?
—Vamos a ver. Bueno no es. Irán nos ha llevado a una guerra económica, no solo una guerra militar. Y creo que atacó astutamente: en vez de pelear por las armas, intentó destruir las infraestructuras de gas y petróleo de los vecinos, que son aliados de Estados Unidos, para meter presión no solo a esos países, sino a Estados Unidos. ¿Lo que puede pasar? Pues como estos señores son imprevisibles, no se sabe lo que puede pasar. Y se lo digo sinceramente: si la guerra dura, va a ser mal asunto. Si dura poco, como creo yo que puede ser —Trump está buscando una salida—, los efectos, aunque sean negativos, no van a ser excesivos.
Claro, también tenemos la guerra de Ucrania. Y estamos viendo en la prensa que los de Ucrania están bombardeando toda la parte central del petróleo que tiene Rusia, que son grandes centrales. Y eso está afectando, pese a que Rusia esté sancionada. Así que depende de cómo funcionen esas guerras ahí. Es algo imprevisible; yo no sé cómo va a despertarse mañana Trump… así que no sé cómo va a funcionar. Mentiría si dijera que lo sé.
—Por último, me gustaría preguntarle por la Argentina de Milei, que quizás se parezca a los postulados que usted defiende…
—Milei tiene la ventaja de que abre debates. Abre debates, y eso es súper importante. En Argentina se empiezan a discutir cosas que antes era impensable discutir. Aquí le dije que España era de los países más intervencionistas del mundo. Argentina también lo era. La gente, la población… Y lo que está haciendo Milei es abrir una serie de debates. ¿Qué pasa? Yo creo que no va a poder hacer todo lo que dice. A mí no me parece muy compatible que siga habiendo inflación con lo que dice que está haciendo, por ejemplo. Pero bueno, ya podemos abrir el debate. Algunas medidas como ahora… ¿son suficientes o no? No lo sé.
Abrió ese debate, el de dinamizar la economía. El Banco Central no hizo nada de eso. O sea, después, claro, ¿va a acabar con la inflación? Pero la inflación aún sigue repuntando. No al nivel de antes. Está teniendo unos malos datos económicos, por ejemplo a nivel de producción, seguramente porque hizo algunas cosas no muy rápido, pero de forma no muy preparada. No sé.
Desde luego, no demuestra que le vaya muy bien, pero a mí no me importa lo que haga él; lo que importa es que abra debates. Mejoró otros aspectos como la pobreza. Habrá que esperar a que acabe su mandato.